Friday, November 24, 2006

Relaciones de adultos y adolescentes.

1. INTRODUCCIÓN


¿Cuántas veces habrán salido en los Telediarios casos de niños abusados? ¿Y de páginas webs denunciadas por contener fotos de menores desnudos?
¿Cuántas veces (antes más que ahora) se habrán casado ancianos con adolescentes y adultos con niñas? ¿En cuántos países se seguirá haciendo? ¿Por qué nos escandalizamos tanto por esto? ¿Acaso el amor entiende de razas? ¿Por qué ha de entender de edades?

Pues bien, cada vez que oímos estas noticias en los medios de comunicación, siempre se nos viene a la cabeza la palabra: PEDERASTIA, la cual utilizamos para definir cada caso de los dictados antes. Pero eso no se debe hacer. Pues el verdadero significado de esta palabra, viene del griego, y no significa “acto de abusar de menores”. Está compuesta por paidós (niño o muchaco) y filia (amistad) y era utilizada para nombrar las relaciones que existían entre los maestros griegos y sus discípulos, que, aunque a veces iban más allá de las aulas, siempre estuvo bien vista. También era usada para definir las relaciones entre homosexuales. Ahora, en las enciclopedias también aparece pederasta como definición de una persona que es homosexual, pero ya nadie la usa en ese contexto. Como debe usarse, es con el significado de el abuso sexual de un adulto (varón) con otro niño (varón también). Aunque también hay abusos de hombres a niñas, parece ser que son menos frecuentes.
Más tarde se comenzó a utilizar la palabra pederasta para nombrar a un adulto que tiende a una atracción sexual primaria hacia niños prepúberes. Ahora, a la simple atracción se le debe llamar paidofilia, que pasa a ser pederastia cuando el acto sexual se comete.
Y por último, otro error que se suele cometer, es tachar de pederasta a un adulto que mantiene relaciones sexuales con un adolescente. A esto se le da el nombre de ebofilia. Y todos sabemos, que un adolescente, una persona de catorce o diecisiete años es capaz de tomar sus propias decisiones, por lo menos desde mi punto de vista. Creo que a estas edades ya no dependemos de nuestros padres o tutores como cuando éramos niños. Y tampoco creo que haya mucha diferencia entre una persona de diecisiete años y una de dieciocho. ¿Por qué entonces está tan mal vista la ebofilia? Que no es otra cosa que la relación entre dos personas, de diferentes edades?
¿Por qué una chica de dieciséis no puede salir con un chico de veintidós sin que a él se le diga pederasta cada vez que la adolescente habla de su relación?
Utilizamos mal estas palabras, y con ello, herimos a las personas que sienten afecto, atracción o incluso amor, pero aún así intentamos hacer pensar a todo el mundo que somos muy liberales cuando en el fondo no podemos respetar ni estas relaciones.
Tal vez un niño de cinco años no pueda decir “no quiero”. Pero un adolescente, sí.
Por ello he escogido este tema, para que quien lo lea pueda entender cómo se sienten las personas a las que se les aplica automáticamente este término, insultándoles, definiéndoles como si hicieran algo inmoral y despreciando lo que puedan sentir por la otra persona, ya tenga dieciséis, o dieciocho.





2. LA LEY.


Hasta hace bien poco, las leyes, el gobierno… no penaban a los pederastas como ahora.
Casi nadie se molestaba en denunciar los abusos sexuales a niños. Pocos de ellos hablaban, y en numerosos países, incluso, no estaba penado. Pero no hace falta irse a África, o a cualquier otra parte del mundo; miremos España. Hace cien años las niñas de catorce y quince años estaban preparadas para casarse, incluso las de doce y trece. Se le consideraba una mujer echa y derecha en cuanto era capaz de tener descendencia. ¿Alguien se quejaba? Tal vez si debían no estar de acuerdo con ello era porque la adolescente estaba obligada a hacerlo. Y sin embargo, ahora, que parece que estas cosas ya no existen, si viéramos en la televisión cómo un adulto se casaba con una menor, nos escandalizaríamos.

Todos los meses se encuentran los policías alguna que otra página de Internet en las que fotos de niños desnudos abundan. ¿Y esto qué? ¿No está castigado?
Sí, sí lo está, pues no sólo son fotos de niños sin ropa; seguramente, esos niños han sido secuestrados de países en vías de desarrollo, han sido abusados o agredidos sexualmente por su padrastro, su hermano, un amigo de la familia o su profesor.
Y lo peor de todo es que, todas estas cosas, dejan secuelas.
¿No habéis escuchado lo de que un niño maltratado será maltratador?
Pues con los abusos sexuales a menores, ocurre lo mismo.
En estas líneas aparecen en resumen, cómo reaccionaría la ley ante dichas personas:
-Lo que primero que figura es que un pedófilo (tan sólo siente atracción sexual hacia los niños) no es, ni debe ser castigado por la ley. Y en parte, tiene razón, cada uno puede tener en su mente lo que quiera, sea moral o no, y desde luego, si no se comete el abuso sexual y esta persona no pasa a ser pederasta, tiene todo el derecho del mundo a pensar como quiera, ¿o no? ¿No es esto lo que dicen los Derechos Humanos? Pero, y si luego este hombre procede a la pederastia…
-Un adulto, que mantiene una relación con un menor no está cometiendo nada ilegal siempre que, los padres, consientan ésta unión. Si no es así, y el menor sigue con el adulto, se le puede denunciar y llevar a juicio. Si el juez lo ve adecuado, puede dictar una orden de alejamiento.
-También está penado el poseer o colgar fotos en Internet de niños desnudos o abusos sexuales a éstos. La condena puede llevar al fotógrafo o al abusador a la cárcel varios años.

Esto es lo único que he podido sacar en conclusión, pues las leyes sobre esto cambia cada poco tiempo, y no se expone clara la información.









3. PRIMERA EXPERIENCIA:

Él 22, ella 15. Se quieren, se divierten, se respetan y les encanta estar juntos. ¿Cuál es el problema? La menor, la chica de quince años va al pueblo y comenta que lleva algún tiempo saliendo con un chico, de 22 años. ¿Cuál es la reacción? “Pues vaya pederasta”, “¿Y tus padres no te dicen nada?”, “¿Tienes conocimiento?”… A la chica no le duele ninguna de las preguntas, excepto la primera. “Ellos creen que esto es delito” piensa cada vez que lo ve.
¿A qué conlleva esto? A que la relación se enfríe, a que la chica tenga miedo a decírselo a sus padres, a que tenga miedo de decirlo a los amigos del instituto, de otro colegio… ¿Y por qué? Porque el primero que ha abierto la boca, el que ha dicho que él era un pederasta, el que le ha metido a la chica en la cabeza que eso es delito, que no debería seguir con él no sabe lo que se siente teniendo una relación seria, no sabe tal vez lo que es querer, o si lo sabe no puede entender que dos personas –una amiga suya y un desconocido- se quieran.
A veces, cuando la chica piensa en cómo reaccionaron, está completamente de acuerdo de que así es como reaccionaría su abuela o una persona mayor. Somos unos cerrados de mente, y además unos sexistas, ¿por qué?, pues porque ¿a que no se imaginan qué le han dicho al chico en la empresa donde trabaja?
“¿De quince años? Así la controlarás mejor, que las que son más mayores no hacen mas que mandar” “Mejor, mejor, así las arrugas le saldrán más tarde y la carne no se le quedará flácida tan pronto”…
No voy a hacer comentarios sobre estas palabras porque me parecen, como ya he dicho antes, totalmente machistas e insensibles.

Bien, tras esto, ¿qué deberían hacer los dos? ¿Dejarlo? ¿No continuar juntos porque los demás no lo entiendan? Si eso hubiera sido así, no sé a cuántas parejas les habríamos prohibido el estar juntos.
Esto no es la Edad Media, es el 2006, y ya es hora de que comprendamos que si dos personas se quieren, NADA se debe de interponer entre ellos.



4. SEGUNDA EXPERIENCIA

Un chico (da la casualidad de que es el mismo de la relación anterior, que por cierto, por mucho que haya dicho la gente no ha acabado) entrena a fútbol a un equipo de niños de cinco años en un colegio de Zaragoza. Lleva ya dos años con ese grupo y, como es normal, le ha cogido mucho cariño a un par de niños. Uno de ellos, un niño muy guapo, como los de los anuncios de pañales y suavizantes, pide ir al baño al entrenador. Éste asiente y vigila cómo el niño entra por la puerta del baño. Continúa con el entrenamiento.
A los cinco minutos, el entrenador pregunta dónde está dicho chaval, y sus compañeros contestan que sigue en el baño. Se preocupa. Le vienen a la cabeza las miles de maneras con las que se puede hacer daño un niño en el baño. Deja a sus alumnos realizando un sencillo juego con el balón, y se encamina hacia los baños, corriendo.
Cuando abre la puerta de madera de golpe, y aparecen ante su vista los cuatro pequeños cuartos en los que hay un WC en cada uno, los dos lavabos al fondo y al niño cerca de uno de ellos, se relaja. Aunque esa sensación de extraña paz por la responsabilidad siente por ese chaval desaparece en el momento que se da cuenta de que el niño no está sólo. De hecho, cuando se acerca a él y ve al hombre de cerca, al hombre que tiene agarrado al niño por una muñeca y que tiene una cámara colgada al cuello, y al chico, que está sin camiseta, se le viene a la cabeza lo peor y agarra al hombre por el cuello de la chaqueta. Lo levanta y lo empotra contra uno de esos cuatro cuartos.
El niño se pone la camiseta y sale del baño, se va con sus compañeros a jugar al balón, pero antes de esto, le dice a su entrenador, que ese hombre le había dicho que era muy guapo, le había quitado la camiseta y le había dicho que le iba a hacer unas fotos desnudo para salir en las revistas de modelo. El niño, que se mostró reacio a obedecer, no se pudo resistir cuando el extraño le dijo que luego conocería a sus futbolistas favoritos.
El entrenador, el chico que tenía por aquel entonces 17 años, continuó agarrando y gritando al hombre. “¿Qué estabas haciendo, ca…? ¡Tiene cinco años! Tiene cinco años!” y lo zarandeó unas cuantas veces más. “¡Yo no he hecho nada!! Le contestaba. El entrenador consiguió coger su cámara, bueno, más bien consiguió arrancársela de la correa de la que colgaba y empujó por última vez al extraño. Estaba muy nervioso y no sabía qué hacer, por lo que cuando el hombre echó a correr, él se quedó en le baño, plantado, con la cámara en la mano. La rompió, la tiró a una papelera, siguió con el entrenamiento y antes de salir, se aseguró de que el niño estaba bien, que no le había afectado y que le encantaba jugar al fútbol. El entrenador se quedó más tranquilo.
Cuando llegó a casa, su hermano, que trabaja en una ludoteca, le comentó que había un hombre que se dedicaba a hacer fotografías y a tocar a los niños del barrio.
Al entrenador se le hizo un nudo en la garganta.
Poco después, el hombre fue arrestado por la policía y juzgado.






5. CONCLUSIONES

¿Por qué os entiendo?: porque comprendo, al igual que todas las personas que han estado en esta situación, que a nadie le gusta pensar que su hijita del alma está con un hombre, que trabaja, que ya haya estado con más personas. Sé que, aunque muchos digan que no quieren que sus hijas o hijos tengan pareja, desean que sus relaciones sean bonitas y bien vistas por todos, tal vez por eso no las respetan.
Porque comprendo también, que las ganas de los padres de proteger a sus hijos es algo natural que no se puede cambiar, y si eso conlleva a creer que sus hijo/as van a estar con un adulto, les prohíben la relación, sólo por “protegerlos”.
Porque vosotros –me dirijo a los adultos- creéis que por mucho que lo neguéis, que no es lo mismo una persona dediecisiete, de dieciséis que una de dieciocho.
Porque no nos consideráis -a los adolescentes- capaces de tener personalidad, de decir no, de negarnos a hacer las cosas que no queremos hacer.
Y porque, por muy mayores que seáis, siempre parece que no habéis sido niños, adolescentes, y es un error por vuestra parte.
También entiendo que hay varios tipos de relaciones, no es lo mismo que una chica de quince esté con uno de veinte que con uno de cuarenta, que os da miedo la diferencia de edad y que os costaría una eternidad aceptarlo en vuestra familia. “Esperad hasta los dieciocho” De nuevo, estamos ante lo mismo, nos ven como a niños, no cómo personas con la capacidad de decisión.


¿Por qué no os entiendo?: porque aprisionáis a vuestros hijos en creencias antiguas, porque no les permitís que respeten una relación como la que os he contado y porque en la educación que les dais, metéis las relaciones con adultos en el grupo de meter los dedos en el enchufe, beber lejía o jugar con los cuchillos.
Porque a cualquiera de vosotros os podría haber gustado una chica de diez años menos, o un chico de quince más, porque no tenéis empatía en estos casos y porque no os importa utilizar la palabra pederasta cuando sabéis que hacéis daño.

Por eso, quiero que en este trabajo se vea reflejado lo poco liberales que somos, lo poco que sabemos ponernos en el lugar de los otros, lo poco que os gusta romper los cánones que ha impuesto la moda, o lo que lo haya impuesto. Porque, pensarlo bien, si estas relaciones fueran normales, la gente se casara con mucha diferencia de edad, si chicas que ya podían tener niños se casaran con gente de cuarenta, cincuenta, o sesenta años porque ellas querían, ¿Cómo veríamos una relación de dos personas de la misma edad?
Y también quiero dejar claro, que si se supone que hemos superado el miedo –pues aún sigue-a tener un suegro-nuero-cuñado… Negro, chino, indio, o de cualquier otra nacionalidad, también debemos respetar esto, pues viene a ser lo mismo:
UNA RELACIÓN ENTRE DOS PERSONAS QUE SE QUIEREN.